No puedo evitar el placer exquisito
de ser tu sombra
de saberte extensión de mis palabras.
Viniste cuando todo se había ido
y amaneciste los días con apetito de infancia
me acorralaste al compromiso de salvar lo que me queda.
Ahora caminás el paredón del patio
que es como si caminaras las cornisas del olvido.
Cuando escucho ese tamborileo en el techo de casa
grito fuerte para saber que nunca se me va a ir la voz.
Lola Gutierrez
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