Anoche vi a una mujer sumergida en la tristeza.
Su cabello castaño y sus ojos pardos me parecieron
más oscuros que en las fotos. Estaba abrazada a su hija.
Tan rubia, tan pálida. Ambas tenían los ojos rojos.
La mujer vestía de negro. Su sonrisa era una mueca
desganada. No estaba agitada en la desdicha. Más bien
era un pesadumbre de varios años. No soporté verla y la
soñé sonriente, pícara, en un grito, saltando, abandonando
su forma fantasmagórica y adquiriendo vida verdadera.
Toda la mañana volví a pensar en ella. Cuántas veces
habremos andado tan quebrados.
En: postales de una vida sin noticias
Natalia Schnaider
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